ASUNCION DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

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Cada 15 de agosto, la Iglesia Católica celebra un dogma de fe. La Asunción de la Santísima Virgen María es una de las creencias más tradicionales para el catolicismo. Según la Biblia, María es reconocida y venerada como la madre de Jesús de Nazaret, y la celebración de esta festividad conmemora la asunción al cielo de su cuerpo y alma. Te contaremos acerca de su solemnidad y porqué lo recordamos cada quincena del octavo mes del año.

Asuncion de Maria Santisima a los cielos
Asuncion de Maria Santisima a los cielos

La solemnidad consiste y constituye la proclamación de María como “asunta al cielo”.

“María fue embellecida por Dios porque fue escogida para ser madre de su hijo. La llena de gracia, preservada de todo pecado, fue asunta al cielo en cuerpo y alma. Estos dones divinos que recibió María no la separan de nosotros. Ella, por voluntad de Jesucristo en la cruz, es nuestra madre”.

La Asunción de la Virgen María es el último dogma enseñado por la iglesia al ser definida por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950.

Esta es una creencia universal de la Iglesia católica desde los primeros siglos hasta nuestros días. El elemento esencial de este dogma enseña que la Virgen María, al término de su vida en este mundo, fue llevada al cielo en cuerpo y alma.

La magnitud de su ascensión se resume en este Discurso 15-VIII 1963 del papa Pablo VI“Nuestra aspiración a la vida eterna parece cobrar alas y remontarse a cimas maravillosas, al reflexionar que nuestra Madre Celeste está allá arriba. Ella nos ve y nos contempla con su mirada llena de ternura”.

Según el catecismo de la Iglesia católica, los dogmas “constituyen la base inalterable de toda la doctrina católica y cualquier católico está invitado a adherir, aceptar y creer en los dogmas de una manera irrevocable”.

Los católicos están obligados a creer por fe en ellos, y el número de los principales dogmas es 44. Están subdivididos en 8 categorías diferentes: dogmas sobre Dios, sobre Jesucristo, sobre la creación del mundo, sobre el ser humano, dogmas marianos, sobre el papa y la Iglesia católica, sobre los sacramentos y sobre las últimas cosas.

El 1 de noviembre de 1950 se publicó la constitución apostólica Munificentissimus Deus”, la cual define el dogma católico de la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo.

Este dogma fue el último que definió la Iglesia católica. Dictado por el papa Pío XII.

Este dogma católico, según la constitución apostólica, indica que la Asunción de María, en cuerpo y alma al cielo, está basado en la tradición de la iglesia católica, y toma en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los padres y doctores de la iglesia y se declara con el consenso de los obispos del mundo.

En algunos países, este 15 de agosto es considerado un feriado nacional, y hasta puente por la cercanía con los días de fin de semana.

Por ejemplo, sumado a la celebración de la festividad, también es feriado en ChileEspaña, y Estados Unidos, por mencionar a algunos.

Esta solemne efeméride abarca a todo el catolicismo mundial.

EVANGELIO DEL DIA

Introducción

Esta gran fiesta de la Virgen María trae a nuestras vidas, en estos tiempos particularmente inciertos y convulsos, que nos tocan vivir, sabor de Pascua. La figura sin parangón de la Virgen María está íntimamente unida a la de su Hijo, Jesucristo, el Señor. Es de Él de quien recibe este maravilloso don de su Asunción a los cielos, que la comunidad creyente cristiana, la Iglesia, viene proclamando desde los inicios de su caminar por la historia.

Con razón, y en este contexto, hemos escuchado en la Liturgia de las Horas, en el Oficio de Lecturas, las elocuentes palabras de San Juan Damasceno: “…convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios”.

Es por esto, que exultantes de gozo y encendidos de esperanza, proclamamos hoy y festejamos a la Bienaventurada Virgen María como aquella que, en estrecha comuión con su Hijo, nos muestra el camino y la meta de nuestro destino final: Vida-sin-sombra-y-para-siempre con quienes nos esperan en la Patria Definitiva.

Así, pues, toda la liturgia de hoy, centrada en la Victoria del Hijo y la Madre, nos llama a vivir una espranza firme y una alegría siempre presente en nuestra vida, incluso cuando el dolor nos visita.

Primera lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y apareció en su santuario el arca de su alianza.

Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y está encinta, y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz.

Y apareció otra signo en el cielo: un gran dragón rojo que tiene siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas, y su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra.

Y el dragón se puso en pie ante la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo cuando lo diera a luz.

Y dio a luz un hijo varón, destinado el que ha de pastorear a todas las naciones con vara de hierro, y fue arrebatado su hijo junto a Dios y junto a su trono; y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios.

Y oí una gran voz en el cielo que decía:
«Ahora se ha establecido la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo».

Salmo

Sal 44, 10. 11-12. 16 R/. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor. R.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-27a

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.

Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que. en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava”.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” – como lo había prometido a “nuestros padres” – en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

COMENTARIO

La Asunción

  • 1ª Lectura: Apocalipsis 11, 19a; 12, 1-6.10: ¡El cielo siempre nos espera!

I.1. Se ha querido comenzar esta lectura poniendo la manifestación celestial del Arca de la Alianza, que ya había desaparecido del Santuario de Jerusalén, probablemente con la conquista de los babilonios. ¡Es imposible encontrarla en alguna parte, a pesar de que se alimente la leyenda de mil maneras! Y ni siquiera será necesaria en un cielo nuevo, porque entonces habrá perdido su sentido. En nuestro texto es todo un símbolo de una nueva época escatológica que revela las nuevas relaciones entre Dios y la humanidad.

I.2. Y si de signos se trata, el de la mujer encinta ha sido identificado en María durante mucho tiempo. Esta lectura ya no tiene sentido, aunque se haya escogido este texto para la fiesta de la Asunción. No es posible que el niño que ha de nacer se identifique con Jesús que sería arrebatado al cielo para evitar que sea destrozado por el dragón. Si fuera así, toda la historia de Jesús de Nazaret, el Señor encarnado que vivió como nosotros y fue crucificado, perdería todo su sentido. La transposición no sería muy acertada.

I.3. El símbolo del cielo, apocalíptico desde luego, es el de la nueva comunidad, la Iglesia liberada y redimida por Dios que engendra hijos a los que les espera una vida nueva más allá de la historia. También María es “hija” de esa Iglesia liberada y salvada que vive como nosotros, siente con nosotros y es resucitada como nosotros, aunque sea madre de nuestro Salvador. Y por eso es también “madre” nuestra.

  • 2ª Lectura: Primera a los Corintios 15, 20-26: En Cristo, todos tendremos una vida nueva

II.1. Cuando Pablo se enfrenta a los que niegan la resurrección de entre los muertos, se apoya en la resurrección de Cristo que ha proclamado como kerygma en los primeros versos de esta carta (1Cor 15,1-5). En el v. 20 el apóstol da un grito de victoria, con una afirmación desafiante frente a los que afirman que tras la muerte no hay nada. Si Cristo ha resucitado, hay una vida nueva. De lo contrario, Cristo que es hombre como nosotros, tampoco habría resucitado.

II.2. Podríamos decir muchas más cosas que Pablo sugiere en este momento. Él le llama “primicia” (aparchê), no en el sentido temporal, sino de plenitud. En Cristo es en quien Dios ha manifestado de verdad lo que nos espera a sus hijos. Él es el nuevo Adán, en él se resuelve el drama de la humanidad; por eso es desde aquí desde donde debe arrancar la verdadera teología de la Asunción, es decir, de la resurrección de María. Porque la Asunción no es otra cosa que la resurrección, que tiene en la de Cristo su eficiencia y su modelo; lo mismo que sucederá con nosotros.

  • Evangelio según san Lucas 1, 39-56: Un canto de “enamorada” de Dios

III.1. La visitación da paso a un desahogo espiritual de María por lo que ha vivido en Nazaret ¡había sido demasiado!. El Magnificat es un canto sobre Dios y a Dios. No sería adecuado ahora desentrañar la originalidad literaria del mismo, ni lo que pudiera ser un “problema” de copistas que ha llevado a algunos intérpretes a opinar que, en realidad, es un canto de Isabel, tomado del de Ana, la madre de Samuel (1Sam2,1-10) casi por los mismos beneficios de un hijo que llena la esterilidad materna. En realidad existen indicios de que podía ser así, pero la mayoría piensa que Lucas se lo atribuye a María a causa de la bendición como respuesta a las palabras de Isabel. Así quedará para siempre, sin que ello signifique que es un canto propio de María en aquel momento y para esa ocasión que hoy se nos relata.

III.2. Se dice que el canto puede leerse en cuatro estrofas con unos temas muy ideales, tanto desde el punto de vista teológico como espiritual; con gran sabor bíblico, que se actualiza en la nueva intervención de Dios en la historia de la humanidad, por medio de María, quien acepta, con fe, el proyecto salvífico de Dios. Ella le presta a Dios su seno, su maternidad, su amor, su persona. No se trata de una madre de “alquilér”, sino plenamente entregada a la causa de Dios. Deberíamos tener muy presente, se mire desde donde se mire, que Lucas ha querido mostrarnos con este canto (no sabemos si antes lo copistas lo habían transmitido de otra forma o de otra manera) a una joven que, después de lo que “ha pasado” en la Anunciación, es una joven “enamorada de Dios”. Esa es su fuerza.

III.3. Los temas, pues, podrían exponerse así: (1) la gozosa exaltación, gratitud y alabanza de María por su bendición personal; (2) el carácter y la misericordiosa disposición de Dios hacia todos los que le aceptan; (3) su soberanía y su amor especial por los humildes en el mundo de los hombres y mujeres; y (4) su especial misericordia para con Israel, que no ha de entenderse de un Israel nacionalista. La causa del canto de María es que Dios se ha dignado elegirla, doncella campesina, de condición social humilde, para cumplir la esperanza de toda doncella judía, pero representando a todas las madres del mundo de cualquier raza y religión. Y si en el judaísmo la maternidad gozosa y esperanzada era expectativa del Mesías, en María su maternidad es en expectativa de un Liberador.

III.4. Este canto liberador (no precisamente libertario) es para mostrar que, si se cuenta con Dios en la vida, todo es posible. Dios es la fuerza de los que no son nada, de los que no tienen nada, de los que no pertenecen a los poderosos. Es un canto de “mujer” y como tal, fuerte, penetrante, acertado, espiritual y teológico. Es un canto para saber que la muerte no tiene las últimas cartas en la mano. Es un canto a Dios, y eso se nota. No se trata de una plegaria egocéntrica de María, sino una expansión feminista y de maternidad de la que pueden aprender hombres y mujeres. Es, desde luego, un canto de libertad e incluso un programa para el mismo Jesús. De alguna manera, también así lo ha concebido Lucas, fuera o no su autor último.

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